Tuesday, January 07, 2025

(Des)Atención Médica



Dentro de los múltiples deterioros que sufre la sociedad actual, hay uno especialmente doloroso, porque afecta a la calidad de vida en su sentido más básico e imprescindible: la salud.

Venimos de una época en que el servicio funcionaba bien o muy bien: lo viví con mis padres de mayores y con mis hijos cuando eran niños. Había citas con prontitud razonable, cuando hacía falta; las listas de espera no eran desesperantes, tenías un médico de cabecera que te conocía y te resolvía la mayoría de los problemas leves con facilidad por ello, porque sabía de qué pata cojeabas, …

En la actualidad, el médico no te conoce – al menos en mi caso: 3 distintos en 4 años-, las revisiones que solían ser protocolarias dependiendo de la edad, han dejado de serlo en muchos casos, porque han cambiado los protocolos que, por ejemplo, no te conceden una revisión urológica a no ser que tengas una PSA alarmante, a los 70 años. Además, te tiras un año o más en la “lista de espera de la lista de espera” – sí llevo un año con una cita pedida por la oftalmóloga que me atendió el año pasado y no tengo cita. Por cierto, el año pasado tuve que acabar resolviendo mi problema en un oftalmólogo privado, que supongo es uno de los fines del desastre actual.

La falta de médico de familia coordinador de todo lo que se haga con su paciente acaba produciendo un efecto absurdo, porque cuesta más dinero, pruebas, tiempo y deterioro del paciente, que luego costará más curar, si no se “pierde” en la espera.

Finalmente, conseguir una cita con el especialista es tarea de paciencia o sufrimiento, dependiendo de la incomodidad o penalidad que te produzca la patología.

Todo esto es causa de sufrimiento, bajas que no se producirían y una triste e insoportable sensación de abandono por parte de la administración; la sensación de que eres un número, un peón en el ejército de contribuyentes que ven como su dinero se utiliza en muchas cosas innecesarias, mientras lo imprescindible queda manga por hombro.

Para rematar, me gustaría apelar a la condición de “más constitucionalistas que nadie” de nuestros gobernantes, muy preocupados por los artículos que hacen referencia a la unidad de la patria y el respeto a instituciones intocables y hasta inviolables, mientras se olvidan sistemáticamente de los artículos que se refieren al bienestar de los ciudadanos: vivienda, trabajo digno, salud, educación de calidad, impuestos progresivos, etc.. 

Seguramente aumentaría mi patriotismo – si trabajar 42 años,7 más de los que podía haber trabajado, no es suficiente-, y el de todos los ciudadanos, si se ocupasen más de la gente y menos de defender sus puestos y tomar caras medidas populistas, como la gratuidad general de las matrículas universitarias; cargándose un sistema más justo, sensato y que había funcionado muy bien durante décadas, de conceder becas a quién las necesitaba, por poner un ejemplo. Y esto sí está en el espíritu de la Constitución.

 

Arturo Neira














Wednesday, January 01, 2025

Propósitos de año nuevo

 


En esta época del año, después de la habitual chifladura de compras, comidas, aglomeraciones, luces, discursos tópicos de resumen de año, etc.., empezamos con la matraca habitual de los propósitos del nuevo año. 
Nada nuevo. Todas esas cosas que la mayoría de la gente no acaba de conseguir: deporte, vida más saludable, leer más, no utilizar tanto las pantallas, aprender algo, …. ¿no habrá nada más importante qué mejorar? No digo que todo lo anterior sea insignificante, pero yo creo que hay aspectos colectivos que cambiarían mucho más nuestras vidas y las de los demás. Sin embargo, tenemos los ombligos demasiado grandes, como enormes lagos, y nos perdemos en ellos. 
¿No se nos ocurre plantearnos mejorar la sociedad? Ocuparse de que todos los miembros de nuestra sociedad tengan una vida lo suficientemente llevadera para poder acceder a una vivienda sin renunciar a vivir, para poder emprender una vida independiente y formar una familia, si les apetece; y, para los que ya la tienen, que puedan dedicar tiempo a sus hijos, sin tener que llevarlos al plan madruga para que se pasen 8 horas en el colegio, una jornada laboral de 8 horas, y no poder atenderlos adecuadamente. La conciliación es “uno de esos propósitos que nunca acaba de consolidarse”, como hacer deporte. 
De la misma forma, no hay tiempo de visitar a los mayores; casi ni de hablar, ya que parte del poco tiempo libre “hay” que dedicarlo a estar al día en las redes sociales, que todos sabemos que es más importante que hablar con la gente que te rodea.
A un nivel más amplio, a nivel mundial, igual procedía pensar si se puede hacer algo relacionado con la situación en lugares como Palestina, Ucrania, muchos países de África y Sudamérica. Es especialmente deprimente ver como naturalizamos el exterminio de un pueblo, y los organismos internacionales, especialmente la ONU, demuestren una vez más, su absoluta inutilidad. Por cierto, ya es incongruente que un pueblo que sufrió un exterminio parcial a manos de los nazis estén ahora haciendo lo mismo. A no ser que el “pueblo de Dios” se considere superior y con derecho a todo por tal paternidad.
Ya sé que son muchas cosas, pero puede que estén mucho más relacionadas de lo que pensamos. Las primeras tienen que ver con la fuerza de voluntad y con los valores o prioridades con las que regimos nuestras vidas. Si valoramos más nuestra salud y bienestar que el dinero, los cotilleos, consejos y manipulaciones de youtubers, instagramers, influencers y demás fauna que pulula por la sabana de las redes - ¿hay algún grado para estas profesiones o les viene de cuna? -, pues adelante, somos libres de elegir.
Lo segundo es más complicado porque implica organización social, leyes que favorezcan el reparto del tiempo, de forma que la gente tenga la posibilidad de atender a sus hijos y un poco para sí mismos. También juegan un rol fundamental las prioridades. Vamos que sus señorías representantes del pueblo muestran mucho más interés en aferrarse al cargo que en resolver los problemas mencionados. Y no estoy soltando un tópico o un eslogan de los que tanto gustan los mencionados. Algún portavoz de partido importante ha dicho literalmente: “nuestra obligación en estos momentos de echar a Sánchez del Gobierno” y de “acabar con este Gobierno lo antes posible”. “Y lo vamos a hacer con todos los medios a nuestro alcance”. Lo entiendo, todo partido necesita el poder para llevar a cabo sus políticas, pero otra intervención del gobierno dijo: “en las 22 preguntas parlamentarias que me hizo en el Senado y el Congreso de los Diputados, no me ha preguntado una sola vez por estas cuestiones, ni por vivienda, ni por educación, ni por sanidad, ni por dependencia, ni por economía, ni por empleo”.
Llámenme tendencioso, pero alguien aquí parece estar poco preocupado por la gente y muy ansioso por ocupar la Moncloa, …. ¿Para qué? De eso parece que ha hablado más bien poco y es lo único realmente importante para nosotros, los ciudadanos de a pie, que votamos y pagamos a los mencionados.
Para terminar, a nivel más internacional, las elecciones de los EEUU, en las que decía un periodista que deberíamos poder votar todos, porque nos influye a todos, han dado un resultado bastante sorprendente y preocupante. No lo digo por que haya ganado el partido Republicano, eso sería normal; lo digo por el tipo de candidato que ha ganado y el tipo de personas de las que se está rodeando ¿Alguien se cree que a Trump y Elon Musk les importamos algo las personas que no tenemos una cuenta con muchos ceros? Esto es el "gobierno para mis intereses y el lobby de multimillonarios que nos apoyan". Ya no hay amigos ni enemigos – Rusia, China, Corea del Norte, ..-, para ellos hay socios comerciales. La gente, como mucho somos instrumentos para conseguir el poder y para que prospere aún más la grey de los multimillonarios, que son los que cortan el bacalao, con la aquiescencia y el remunerado servilismo de muchos de nuestros “representantes” (¿O suyos?), que acabarán en buenos chollos en sus empresas.
Igual tenemos que empezar a pensar a quién votar y de quién comprar: si la gente normal piensa y actúa en consecuencia, tenemos mucho poder.